Día a día vamos por la vida conversando con esta voz interna que nos dice un millón de cosas y palabras importantes, pero de las cuales hacemos caso omiso. Claro, es más de una voz, pues representa a los distintos “yoes” que poseemos.
Quizás mi yo rebelde dice: no quiero cumplir este rol, mientras mi yo responsable me dice: debes hacerlo. Al mismo tiempo, mi yo intelectual me dice: hazlo, puede ser interesante y puedes aprender mucho; y así sucesivamente una infinidad de voces que hablan dentro de mi.
Para entenderlas debo despertar de ese sueño aletargado y concentrarme en lo que realmente pienso y siento, contactarme con mi mismo y luego discernir sobre cual es la mejor voz que puedo elegir, sobre cual es el camino que debo seguir.
Lo mas asombroso de esto es que nos demuestra una vez mas que todo lo que vivimos, hacemos y sentimos es nuestra decisión conciente y no un mero reflejo condicionado.
Esas diferentes personas llamadas subpersonalidades, son las que podríamos llamar desde la psicología de la personalidad como: “rasgos”, que me componen y que me encaminan en un sendero de actitudes, pero que sin duda no condicionan la manera en la que voy a actuar, si no mas bien, dan la pauta para lo que llegaré a decidir. Compuestos por todas estas partes, es un papel consciente decidir el mejor camino hacia la sobre vivencia y adaptación.
Aunque esto puede cerrar mas nuestros caminos, dentro de ese marco es donde se ubica lo que podemos decidir y hasta que punto, dejamos que nuestros pensamientos, esas voces de distintas pequeñas personitas que habitan en nuestro interior, tome las riendas de nuestra única manera de vivenciar el mundo.
Lo mas importante, es dar la palabra tanto a las partes negadas como a las partes aceptadas de uno mismo, pues mientras menos se le de la palabra a esos aspectos negados de la personalidad, mayor fuerza tendrán sobre el control de nuestras vidas de forma inconsciente.
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